Primer acercamiento de la autora a la Dramaturgia del Siglo XXI. Es una Obra con gran sentido ecológico, que simboliza nuestra ascensión por la montaña de la vida y hace observaciones sobre la conducta humana… Visión actual del culto a María Lionza. Parte del texto es un homenaje a grandes hombres, en una simbiosis de pensamientos, entre los que se destacan, los de El Libertador Simón Bolívar, la poesía de César Vallejo, de Jalil Gibran, el “Himno a la Madre Tierra” de Homero, y las imágenes de “Los Sueños” de Akira Kurosawa. Todo ello enmarcado en la Montaña de Sorte, lugar que viene siendo depredado, descuidado e irrespetado por los propios “cultores” del espiritismo, desde hace más de 40 años; idólatras inconscientes que dejan su huella depredadora, olvidando en las montañas sus desechos contaminantes que desequilibran el ecosistema. Muestra un mundo que se va devastando por la contaminación y que engloba un universo en un espacio, integra la vida, la muerte, el más allá… y donde coexisten todos los momentos del tiempo. La concepción de María Lionza como “Madre” y “Reina” del amor, refuerza el culto "marial" católico, la gran importancia de las madres en Venezuela y el complejo de Edipo tan fuertemente arraigado entre los venezolanos. Maria Lionza pasa a ser la figura central del espiritismo en Venezuela; su imagen española junto al Cacique Guaicaipuro y al Negro Felipe, forman “Las Tres Potencias” que simbolizan las razas unidas en el mestizaje.